NOSOTROS TAMBIEN SOÑAMOS II
NOSOTROS TAMBIEN SOÑAMOS II
Aquiles Nazoa
El
17 de mayo de 1920 nace en Caracas, en barrio popular del Guarataro, el poeta y
humorista venezolano Aquiles Nazoa. Obligado por la pobreza a ayudar al
sostenimiento de su hogar y a ganarse la vida desde muy temprana edad, ejerció
los más variados oficios, desde aprendiz de carpintero hasta botones del
recordado Hotel Magestic. Su educación fue casi enteramente autodidáctica:
apenas la primaria en el Colegio de El Buen Consejo que regentaba el Padre
Julián Fuentes Figueroa ( y donde tuvo como compañero de aula, entre otros, al
pintor Héctor Poleo) y un atropellado bachillerato, como el mismo lo define, en
diversos liceos. Convertido en jefe de familia a los 18 años por la muerte de
su padre, se inicia en el campo del periodismo en “ El Verbo Democrático” ,
diario de Puerto cabello donde publica sus primeros versos y artículos. Por
entonces trabajaba como guía e interprete (a los doce años de edad ya dominaba
perfectamente el idioma inglés, aprendido por su cuenta) en la Oficina Nacional
de Turismo del Ministerio de Fomento.
Trabajo
en los diarios Ultimas Noticias y El Nacional en los cuales publica su columna
en versos “A punta de lanzas”, y el semanario humorístico “El Morrocoy Azul”.
En 1944 viajó a Colombia y recorrió el país mientras escribía en la revista
bogotana “Sábados”. Posteriormente (1946-1947) permaneció un año en Cuba y a su
regreso asumió la dirección del semanario “Fantoches” en su etapa final. Entre
otras recompensas Aquiles Nazoa recibió el Premio Nacional de Periodismo 1948 y el Premio Nacional de
Prosa 1967.Juanto con Leoncio Martínez Leo y Francisco Pimentel “Job Pim”,
construye el trípode sobre el cual descansa el prestigioso humorista
venezolano. Aquiles Nazoa murió en abril de 1976 en un accidente
automovilístico en la Autopista Regional del Centro, a la altura de la
población de la Victoria.
VIVIR EN LA CALLE
¿Qué
respuesta puede tener una lata de cerveza en el medio del Pacifico? La
respuesta es soledad, un mal que nos turba y no enferma. Piensa en todos un
poco, pónganse en el lugar de esta lata, en el medio del océano y sabran lo que
se siente ser un muchacho de la calle. Ese niño, ese ser inocente que por
hambre, por frio o por falta de cariño hule pega. Consume para olvidar el
hambre o para olvidar el dolor. Esa criaura busca como olvidarse de que cada
noche se acuesta en un piso frio con un estomgao vacio. Duerme con la duda de
saber si al dia siguiente habrá que comer. Así sigue la rutina para ese niño,
esperando que a alguien le de lastima y se le ablande el corazón y le brinde
algo.
………………………..
La
lluvia… unos la detestan y a otros les encanta. Unos la aprovechan para dormir
porque tienen un lugar seguro donde hacerlo. Pero para los muchachos de la
calle es fastidiosa porque si no corren rápido a un lugar donde protegerse ya
saben que les espera. Ustedes piensan que en la calle puede haber sitios
seguros para esconderse de la lluvia. ¿Qué tan seguros pueden estar? Aun cuando
conseguimos un lugar, donde no nos mojamos tenernos que evadir el frio.
Buscamos cartones para arroparnos. Convinen un poco el frio y el hambre que se
siente y sabrán porque uno dice: “menos mal que existe la pega o si no como lo
aguato….”
Luis Henderson Jiménez
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