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Desde La Calle Muchachos

jueves, 22 de junio de 2017

NOSOTROS TAMBIEN SOÑAMOS II



NOSOTROS TAMBIEN SOÑAMOS II

Aquiles Nazoa
El 17 de mayo de 1920 nace en Caracas, en barrio popular del Guarataro, el poeta y humorista venezolano Aquiles Nazoa. Obligado por la pobreza a ayudar al sostenimiento de su hogar y a ganarse la vida desde muy temprana edad, ejerció los más variados oficios, desde aprendiz de carpintero hasta botones del recordado Hotel Magestic. Su educación fue casi enteramente autodidáctica: apenas la primaria en el Colegio de El Buen Consejo que regentaba el Padre Julián Fuentes Figueroa ( y donde tuvo como compañero de aula, entre otros, al pintor Héctor Poleo) y un atropellado bachillerato, como el mismo lo define, en diversos liceos. Convertido en jefe de familia a los 18 años por la muerte de su padre, se inicia en el campo del periodismo en “ El Verbo Democrático” , diario de Puerto cabello donde publica sus primeros versos y artículos. Por entonces trabajaba como guía e interprete (a los doce años de edad ya dominaba perfectamente el idioma inglés, aprendido por su cuenta) en la Oficina Nacional de Turismo del Ministerio de Fomento.
Trabajo en los diarios Ultimas Noticias y El Nacional en los cuales publica su columna en versos “A punta de lanzas”, y el semanario humorístico “El Morrocoy Azul”. En 1944 viajó a Colombia y recorrió el país mientras escribía en la revista bogotana “Sábados”. Posteriormente (1946-1947) permaneció un año en Cuba y a su regreso asumió la dirección del semanario “Fantoches” en su etapa final. Entre otras recompensas Aquiles Nazoa recibió el Premio Nacional  de Periodismo 1948 y el Premio Nacional de Prosa 1967.Juanto con Leoncio Martínez Leo y Francisco Pimentel “Job Pim”, construye el trípode sobre el cual descansa el prestigioso humorista venezolano. Aquiles Nazoa murió en abril de 1976 en un accidente automovilístico en la Autopista Regional del Centro, a la altura de la población de la Victoria.

VIVIR EN LA CALLE
¿Qué respuesta puede tener una lata de cerveza en el medio del Pacifico? La respuesta es soledad, un mal que nos turba y no enferma. Piensa en todos un poco, pónganse en el lugar de esta lata, en el medio del océano y sabran lo que se siente ser un muchacho de la calle. Ese niño, ese ser inocente que por hambre, por frio o por falta de cariño hule pega. Consume para olvidar el hambre o para olvidar el dolor. Esa criaura busca como olvidarse de que cada noche se acuesta en un piso frio con un estomgao vacio. Duerme con la duda de saber si al dia siguiente habrá que comer. Así sigue la rutina para ese niño, esperando que a alguien le de lastima y se le ablande el corazón y le brinde algo.
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La lluvia… unos la detestan y a otros les encanta. Unos la aprovechan para dormir porque tienen un lugar seguro donde hacerlo. Pero para los muchachos de la calle es fastidiosa porque si no corren rápido a un lugar donde protegerse ya saben que les espera. Ustedes piensan que en la calle puede haber sitios seguros para esconderse de la lluvia. ¿Qué tan seguros pueden estar? Aun cuando conseguimos un lugar, donde no nos mojamos tenernos que evadir el frio. Buscamos cartones para arroparnos. Convinen un poco el frio y el hambre que se siente y sabrán porque uno dice: “menos mal que existe la pega o si no como lo aguato….”
Luis Henderson Jiménez

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