NIÑOS INSTITUCIONALIZADOS ¿Quiénes son?
NIÑOS
INSTITUCIONALIZADOS ¿Quiénes son?
Esta es una pregunta
formulada para múltiples respuestas, intentado responderlas podemos expresar
que es un ser en formación, que puede prevenir de un hogar inestable, de un
hogar destruido, de un hogar inexistente. Desde otro punto de vista, es una
persona que por su comportamiento, ha sido ubicada en unas instituciones en
post de su “reeducación”. O es un ser humano que ha sido apartado de la
sociedad por razones de maltrato, peligro moral, abuso sexual, explotación u
otras circunstancias.
La causa es útil para
denominar, mas el kit de la situación planteada es la racionalidad que se
reproduce en la “opción” de la institucionalización de menores.
Como respuesta
gubernamental, podemos expresar que es la más antigua, la más costosa y la más
usada. Es opinión colectiva es decir internamiento, salvo muy contadas
excepciones, es plantear hacinamiento por exceso de internos, poco personal y
no muy calificado carácter artificial y escasos vínculos efectivos. Porque,
según la opinión de algunos profesionales, el “afecto puede entorpecer el
proceso terapéutico”.
Y el resultado
palpable es el exceso de adaptación del menor, o su inadaptación a otros
espacios sociales o su masificación. Tres riegos que minusvaloran, invalidan e
imposibilitan la reincorporación del menor a la sociedad, luego de traspasar la
artificial frontera de la minoría cronológica.
La idea de la
racionalidad interinstitucional plantea que el menor deberá desarrollar su vida
con arreglos y dentro de un esquema de normas, explicitas e implícitas, en el
seno de un ambiente especifico, completamente predecible, que lo abarca en
todas y cada unas de sus expresiones humanas, por su carácter rutinario, en
personal y masificador.
De esta lógica
organizativa se desprende lo que ha sido llamado el fenómeno del “hospitalismo”
(spitz, 1951), una especie de síndrome de defensa y protección que desarrolla
el menor cuya características pueden agruparse, a grandes rasgos, en la
siguiente: (1) disminución de la eficiencia intelectual (2) cambios bruscos de
conductas: fugas, robos, mentiras. (3) Defectos en el desarrollo del lenguaje
(4) Incapacidad para establecer relaciones interpersonales verdaderas. (5)
Falta de reacciones emocionales adecuadas. (6) Carencia de perspectivas. (
Arago, 1966).
Así, el menor
institucionalizado, aparte de tener poco contacto con el mundo exterior y estar
ignorante de las decisiones que se toman sobre su propio destino, tiende a
representarse y sentirse inferior, débil y culpable (Goffman, 1972). Hasta
llegar a constituir un numero mas de la población depositada, ya que la idea de
futuro solo se resuelve al decir, en papel, sobre la ubicación que debe tener
porque ya cumplió los 18 años y necesitamos el cupo.
Esta reflexión apunta
a proponer la innovación. A estimar que un grave problema social debidamente
tratado en su génesis, el abandono de menores, no puede abordarse aislado de
una propuesta social globalizadora en el poder.
Los niños
institucionalizados son una síntesis de una sociedad en crisis, de un entorno
carente no solo de recursos socioeconómicos, sino de un paradigma de
organización social y política que solo podemos resolver si cambiamos la noción
de instruir por la de educar para la vida.
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