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Desde La Calle Muchachos

jueves, 22 de junio de 2017

EXPERIENCIAS DE INTERVENCION CON LA INFANCIA DESDE LA INSTITUCIONALIZACIÓN



EXPERIENCIAS DE INTERVENCION CON LA INFANCIA DESDE LA INSTITUCIONALIZACIÓN 

“La preocupación por la infancia ha existido desde tiempo atrás. En el siglo pasado ya existía la preocupación por la situación de los menores. La concepción que prevalecía en cuanto al menor que representaba cierto tipo de problemática en su comportamiento giraba en torno al termino vago”. 

Hoy en día existe poca consciencia por asumir la problemática infantil y sus manifestaciones desde sus raíces desde una perspectiva estructural.

La experiencia al interior de las instituciones cerradas se vuelve más cruda, pero en muchos casos es la única alternativa, a nivel social para el niño abandonado, adherido o privado de sus derechos básicos: afecto, alimentación, vestido y educación
.
Las instituciones de internamiento cumplen esencialmente una labor de contención física y la masificación en las interacciones no permiten desestereotipar al sujeto, sino que agrega el estigma de interno segregado. Los menores experimentan nuevamente una situación de abandono y soledad, en su mundo de necesidades humanas.

Cuando se habla de menores en riesgo social o infractores, se hace referencia a las mismas personas, en tanto que a través de sus comportamientos y actitudes denuncian de uno u otro modo, el atropello a su integridad personal y ante esto la reacción social e institucional evidencia una especie de negación del contexto que subyace a tales manifestaciones.

Ejemplo de lo anterior lo constituyen los niños que conforme avanzan en su edad cronológica, pasan de ser niños abandonados o maltratados con cabida en una institución para tal afecto, “a ser” infractores o peligrosos y por lo tanto pueden ser encerrados, sin que existan alternativas reales para la tensión de esta problemática. 

Las estadísticas del centro diagnostico del menor en riesgo social o infractor nos da ese proceso. En cuatro meses ingresaron 744 casos, 744 menores (un promedio de 187 menores por mes).

De los 744, 356 son menores en riesgo social y 384 infractores.
Al niño o la niña se les detiene porque se percibe que su actitud es sospechosa porque deambulan, por inhalación. Se le ingresa en un centro que se encarga de diagnosticar y referirlo a otra institución.

Si se le entrega a la familia el menor se va a encontrar ante las mismas situaciones que le hicieron alearse de la misma.

Si se interna en una institución deja por fuera gran parte de su vida: familia, grupo de pares, costumbres, hábitos, entre otras. 

Ingresa a la institución con los mismos vicios y necesidades que lo llevaron a huir de su casa. La institución pasa a ser su comité físico que le depara cierta estabilidad en sus necesidades primarias: los menores que no son devueltos a sus familiares y no permanecen en las instituciones, pasan a convertirse en parte del gran grupo de población que vive en un constante circulo: CALLE-INSTITUCION-CALLE y en esta ultima tampoco hay alternativas que lo rescaten como persona.

La realidad en la que se desarrollan muchos menores, transciende a la individual. Es producto de una dinámica y estructuración social, y si los esfuerzos no se encaminan a buscar alternativas mas globalizantes que las actuales, la preocupación por la infancia no pasar de ser una simple preocupación.

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