EXPERIENCIAS DE INTERVENCION CON LA INFANCIA DESDE LA INSTITUCIONALIZACIÓN
EXPERIENCIAS DE INTERVENCION CON LA INFANCIA DESDE LA
INSTITUCIONALIZACIÓN
“La preocupación por
la infancia ha existido desde tiempo atrás. En el siglo pasado ya existía la
preocupación por la situación de los menores. La concepción que prevalecía en
cuanto al menor que representaba cierto tipo de problemática en su
comportamiento giraba en torno al termino vago”.
Hoy en día existe
poca consciencia por asumir la problemática infantil y sus manifestaciones
desde sus raíces desde una perspectiva estructural.
La experiencia al
interior de las instituciones cerradas se vuelve más cruda, pero en muchos
casos es la única alternativa, a nivel social para el niño abandonado, adherido
o privado de sus derechos básicos: afecto, alimentación, vestido y educación
.
Las instituciones de
internamiento cumplen esencialmente una labor de contención física y la masificación
en las interacciones no permiten desestereotipar al sujeto, sino que agrega el estigma
de interno segregado. Los menores experimentan nuevamente una situación de
abandono y soledad, en su mundo de necesidades humanas.
Cuando se habla de
menores en riesgo social o infractores, se hace referencia a las mismas
personas, en tanto que a través de sus comportamientos y actitudes denuncian de
uno u otro modo, el atropello a su integridad personal y ante esto la reacción
social e institucional evidencia una especie de negación del contexto que
subyace a tales manifestaciones.
Ejemplo de lo
anterior lo constituyen los niños que conforme avanzan en su edad cronológica,
pasan de ser niños abandonados o maltratados con cabida en una institución para
tal afecto, “a ser” infractores o peligrosos y por lo tanto pueden ser
encerrados, sin que existan alternativas reales para la tensión de esta
problemática.
Las estadísticas del
centro diagnostico del menor en riesgo social o infractor nos da ese proceso.
En cuatro meses ingresaron 744 casos, 744 menores (un promedio de 187 menores
por mes).
De los 744, 356 son
menores en riesgo social y 384 infractores.
Al niño o la niña se
les detiene porque se percibe que su actitud es sospechosa porque deambulan,
por inhalación. Se le ingresa en un centro que se encarga de diagnosticar y
referirlo a otra institución.
Si se le entrega a la
familia el menor se va a encontrar ante las mismas situaciones que le hicieron
alearse de la misma.
Si se interna en una
institución deja por fuera gran parte de su vida: familia, grupo de pares,
costumbres, hábitos, entre otras.
Ingresa a la
institución con los mismos vicios y necesidades que lo llevaron a huir de su
casa. La institución pasa a ser su comité físico que le depara cierta
estabilidad en sus necesidades primarias: los menores que no son devueltos a
sus familiares y no permanecen en las instituciones, pasan a convertirse en
parte del gran grupo de población que vive en un constante circulo:
CALLE-INSTITUCION-CALLE y en esta ultima tampoco hay alternativas que lo
rescaten como persona.
La realidad en la que
se desarrollan muchos menores, transciende a la individual. Es producto de una
dinámica y estructuración social, y si los esfuerzos no se encaminan a buscar
alternativas mas globalizantes que las actuales, la preocupación por la
infancia no pasar de ser una simple preocupación.
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